Desde siempre, Ramón Casares tuvo gran atracción por la naturaleza. Mucho antes de dar sus primeros pasos, gateaba siguiendo los caminos de hormigas y no había bicho que no agarrase queriéndolo conocer. Hoy su gran pasión son las aves y ha participado de proyectos de conservación, como el del Cóndor Andino. Además trabajó como cuidador en el Zoo de Buenos Aires, colaboró con la Fundación Bioandina, la Fundación Félix de Azára y la Fundación Hábitat y Desarrollo, entre otras. Tomó sus primeras fotografías a los 13 años sin saber en ese momento que nunca más podría salir a ningún lugar sin su cámara al hombro. Comenzó a dedicarse profesionalmente a la fotografía de fauna por dos razones: compartir su pasión por la naturaleza y sobretodo alentar a su conservación.
Su meta es promover la naturaleza como un arte y de ésta manera alentar a su conservación, a través de la fotografía busca que la gente aprenda y se involucre: ‘Si no conocemos lo que debemos cuidar, no es posible protegerlo; la educación es la base’, sostiene. Es un convencido de que la fotografía de naturaleza puede lograr grandes resultados respecto de la conservación y espera ser parte de ello. Además de contar con un vasto material de imágenes documentales, su objetivo es retratar a la naturaleza desde un punto de vista artístico, que trascienda lo documental. Intenta ir siempre un poco más allá: busca sorprender y sobretodo, impactar, en aquellas personas que no necesariamente están interiorizadas en temas ecológicos o de conservación. Su meta es que haya una imagen de la naturaleza en cada casa, en cada galería de arte, en cada espacio cultural, no sólo para promover la naturaleza como un arte sino, además, generar un interés espontáneo en la misma para que todos se involucren en divulgar respeto por ella y entiendan la importancia de protegerla.